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YANAHUANCA ESCENARIO DE ACONTECIMIENTOS REALES ...

Yanahuanca escenario de acontecimientos reales, escritos por Manuel Scorza, en los cuales muestra los multiples mecanismos a trav?s de los cuales Scorza compromete su literatura y busca comprometer al lector con una causa ind?gena. Aqu? un an?lisis de sus obras.

El humor y la acci?n, dos formas de confrontaci?n al poder en La guerra silenciosa

Una lectura estructural de los personajes como funcionamientos textuales y su dimensi?n ideol?gica

Manuel Scorza conden? su pluma al escoger como principio vital de la misma la defensa de la causa ind?gena en el Per?. Y digo conden?, porque la literatura pol?tica indigenista ha sido concebida por el mundo cultural como una literatura marginal. Dif?cil que el esp?ritu burgu?s y cosmopolita de nuestros escritores se fijara con respeto en una literatura que defend?a una causa perdida y ajena.

Pero Scorza escrib?a por compromiso ?tico. No era el ansia de laureles lo que lo impel?a a escribir, lo impulsaba la absoluta seguridad de que su literatura aportaba importantemente a la causa del campesinado ind?gena: sus maestros, sus hermanos. El m?vil de la literatura de Scorza fue la defensa de la identidad y los derechos de su pueblo. Pero, demostrar que la literatura de Scorza es una literatura pol?ticamente comprometida con la causa de las comunidades ind?genas del Per? no aporta nada a la cr?tica que existe sobre ella, pues este compromiso define su est?tica y su vida. Lo que s? es importante es mostrar los m?ltiples mecanismos a trav?s de los cuales Scorza compromete su literatura y busca comprometer al lector con la causa ind?gena. Este trabajo se propone evidenciar uno de ellos. La definici?n de ?ste nos permitir? precisar con m?s profundidad el constructo ideol?gico que define la construcci?n de mundo en las novelas.

Vamos entonces a hacer un an?lisis de la pentalog?a de Scorza, para mostrar c?mo la estructura de h?roes y antih?roes construye la oposici?n al poder terrateniente, y, lo fundamental, c?mo esta estructura com?n a las cinco novelas encarna una ideolog?a y una interpretaci?n de la realidad peruana. Es decir, el constructo ideol?gico del texto, la lectura que de la realidad hace la pentalog?a, se vehiculiza a trav?s de esta estructura.

1.  El h?roe

En cada una de las cinco novelas hay un sujeto sobre el que recae principalmente la responsabilidad del compromiso heroico, y que se define, a excepci?n de la ?ltima novela, por su condici?n sobrenatural: en Redoble por Rancas, H?ctor Chac?n (el nict?lope); en Garabombo el Invisible, Ferm?n Espinoza (el invisible); en El Jinete Insomne, Raymundo Herrera (el insomne); en El Cantar de Agapito Robles, Agapito Robles (el mutable); en La Tumba del Rel?mpago, Genaro Ledesma.

Estos h?roes se configuran en funci?n de la oposici?n al poder del gamonalismo. Confrontaci?n que se da en dos  dimensiones: en su accionar y en su caracterizaci?n.

Sobre la primera, baste decir que toda la vida de los h?roes se configura en funci?n de esta oposici?n: el h?roe casi no hace nada distinto de buscar la destrucci?n del opresor para dignificar a la comunidad. De ah? que su vida privada es casi imperceptible, y sus conflictos sean los de la comunidad (la primera categor?a del h?roe de que hablaba Lukacs en su Teor?a de la novela).

Es la segunda dimensi?n de este esquema de oposici?n la que va a evidenciar con m?s claridad el soporte ideol?gico que define la construcci?n del h?roe. El h?roe de la primera novela, H?ctor Chac?n, aparece dotado de una condici?n maravillosa: la nictalop?a. Condici?n que tiene como prop?sito ?nico facilitar la acci?n de Chac?n contra el Juez Montenegro (Encarnaci?n m?xima del poder gamonalista). Su nictalop?a le facilita el desplazamiento en medio de la m?s espesa oscuridad, lo que le permite organizar la lucha, huir de los heraldos nefastos de Montenegro, etc. En esta novela el h?roe es acompa?ado de otros dos h?roes prominentes, que tambi?n est?n investidos de poderes especiales: el Ladr?n de Caballos y su conocimiento del lenguaje caballuno; y el Abigeo, de sue?os premonitorios. Estos h?roes tambi?n ponen sus poderes al servicio de la oposici?n al poder, su funci?n en el texto es ayudar a desarrollar el programa narrativo del h?roe:

El doctor Montenegro viv?a vigilado por los fusiles de La Benem?rita Guardia Civil y la desconfianza de cuatrocientos compadres. ?Pod?an vencerlo cinco hombres? As? hablan las lenguas largas. Hablan por hablar. Efectivamente, eran cinco varones contra cuatrocientos armados, pero eran cinco machos especiales.

Para principiar , H?ctor Chac?n, el Nict?lope, ve?a igual de d?a que de noche; sus ojos distingu?an lo mismo la oscuridad que la claridad. ?A qu? trampas pod?a arrastrar a la Guardia Civil? El Ladr?n de Caballos y el Abigeo taimadamente organizaban una reuni?n de equinos en Yanahuanca? (Redoble por Rancas:214)

El h?roe de la segunda novela, Ferm?n Espinoza (Garabombo), tambi?n sufre de una enfermedad maravillosa: la invisibilidad. Esta condici?n especial del h?roe no s?lo est? al servicio de la lucha (Como la de H?ctor Chac?n), sino que encarna la enfermedad de su pueblo: la cobard?a. Garabombo  es invisible para todos aquellos que est?n del lado de los hacendados, de los opresores, pero es visible para los oprimidos que se rebelan. Garabombo se hace visible  a los opresores cuando reclama, cuando el pueblo se puebla de valor, cuando lucha:

?Lo ve?an! La multitud exhal? algo tramado por el alivio, el regocijo y la angustia. ?Lo ve?an! Garabombo cumpl?a su promesa: era visible. ?Nadie los derrotar?a! 'Ni herbolarios ni brujos me curar?n. ?El d?a que ustedes sean valientes me curar?! ?El d?a que comande la caballer?a comunal!' Una certidumbre m?s poderosa que los roquedales los irgui? (Garabombo el Invisible:195).

La invisibilidad de Garabombo es el resultado del silencio, de la cobard?a, de la inacci?n de la comunidad. Y su cura ocurre cuando los comuneros exigen sus derechos. Es decir, s?lo el d?a en que el pueblo ind?gena se levanta y lucha por sus tierras, s?lo el d?a que se sobrepone a su cobard?a y enhiesta corajudo la bandera de sus derechos, s?lo el d?a que recupera su dignidad es escuchado, se hace visible a los ojos de los opresores. Garabombo es pues la met?fora del problema ind?gena en el Per?: su inexistencia para el gobierno y la sociedad dominante.

Con Raymundo Herrera (el insomne) ocurre lo mismo que con Garabombo, su condici?n maravillosa no s?lo est? al servicio de la acci?n del h?roe contra los opresores sino que encarna el problema del indio; pero con Raymundo este efecto simb?lico de la enfermedad es m?s denso y fundamental. Cuando son arrebatadas las tierras de la comunidad en el a?o de 1705, se detiene el tiempo para Raymundo Herrera (ten?a 63 a?os) y contrae la enfermedad del insomnio, de la que s?lo se cura el d?a que su comunidad se decide a luchar, 257 a?os despu?s. El jinete insomne es un fantasma extraordinario, cuya raz?n de ser es increpar a la comunidad, es una sombra que deambula en su caballo incitando a la lucha, organizando a la comunidad, record?ndoles su pasada dignidad de pueblo soberano y su presente indignidad de pueblo despose?do. El d?a que se trazan los planos de la comunidad, se rescatan los t?tulos de la tierra y el pueblo inicia su lucha contra los terratenientes, Raymundo Herrera recupera el sue?o, y muere:

No s?lo el antiguo Chapihuaranga se volvi? rojo. Los Requis me dicen que el d?a del entierro de don Raymundo Herrera, las corrientes se ti?eron en las alturas. El suegro de los Guadalupe cuenta que por su rumbo, cerca de la cordillera Culebra, adem?s de te?irse, los r?os se encabritaron. 'Magdaleno, yo no estaba bebido. Te juro que vi al r?o Culebra arrodillarse. Se prostern? e intent? regresar a su nacimiento. ?Ves como corre ahora para ac?? Pues durante tres d?as quiso correr hacia all?, hacia el cerro Wayrac?ndor? (El Jinete Insomne: 243).

El jinete insomne nace de la usurpaci?n y muere en la recuperaci?n: la vida del jinete es igual a la vida de la comunidad despose?da, ?l es la memoria del abuso. Su enfermedad es la enfermedad de la raza incaica: su expulsi?n de la historia. El pueblo ind?gena despose?do es un pueblo sin historia, ?[los indios] fueron expulsados de ella por la fuerza de las armas?. La muerte de Raymundo Herrera es el reencuentro de la comunidad con la historia.

Al contrario de los h?roes de las tres novelas anteriores, el h?roe de la cuarta novela, Agapito Robles (el mutable) no sufre de una enfermedad maravillosa. El poder de transmutarse es una invenci?n de una bruja de la comunidad:

Agapito palideci?. Las autoridades pol?ticas de Yanahuanca, incapaces de capturar al personero, hab?an acabado por admitir lo que divulgaba Victoria de Racre: que Agapito Robles hab?a recibido autorizaci?n para convertirse en puma.

Un delator hab?a revelado al juez que, acabando una sesi?n, para demostrar su poder?o, Agapito Robles se hab?a convertido en puma? (El Cantar de Agapito Robles: 123).

Agapito Robles no se va a curar el d?a de la reivindicaci?n de la comunidad, el d?a que tomen posesi?n de la tierra; su condici?n especial, su poder de transmutarse en puma, es una invenci?n, una estrategia de lucha. Nos enfrentamos entonces a un h?roe distinto del h?roe m?tico de las tres novelas anteriores. En El Cantar de Agapito Robles, el h?roe desciende del plano m?tico a la leyenda. Pero esta  inventada condici?n especial, al igual que las enfermedades maravillosas de los otros h?roes, tiene su raz?n de ser en la oposici?n al poder: es este atributo de la transmutabilidad el que le permite a Agapito escurrirse por todos los rincones y organizar la lucha contra los terratenientes. Es decir, cambia la caracterizaci?n del h?roe pero se mantiene el mismo funcionamiento textual. Y, Junto con este cambio en la caracterizaci?n del h?roe, aparece un cambio en la percepci?n del problema del indio: Agapito Robles no reclama las tierras, no busca que las autoridades le restituyan sus derechos, su decisi?n es tomar por la fuerza las tierras usurpadas. Agapito no encarna la situaci?n de la raza ind?gena, sino la voluntad y la acci?n de la dignificaci?n, ya no representa el silencio sino el grito, no la cobard?a sino la valent?a, no la sumisi?n sino la lucha. Ya no reclama como los h?roes precedentes, recupera;  ya no pide justicia, la impone:

Doscientos cincuenta y siete a?os Yanacocha hab?a reclamado, suplicado, gestionado, esperado, conminado que se le hiciera justicia. Alto de claridad, Agapito comprendi?: ?Yanacocha se hab?a equivocado! El t?tulo por el que se inmolaron tantas generaciones, era s?lo papel apagado. Despidi?ndose, el T?tulo hablaba por ?ltima vez: toda reclamaci?n es insensata. Yanacocha s?lo recuperar?a su pa?s por la fuerza. El d?a atraves? su coraz?n. Y Agapito decidi? que Yanacocha no implorar?a nunca m?s? (El Cantar de Agapito Robles:14).

Hay pues un cambio en la condici?n del h?roe y un cambio en su concepci?n del problema de la comunidad. Ya no se trata de que los vean sino de que sientan el poder de la comunidad erguida.

El h?roe de Tumba del Rel?mpago es un h?roe distinto de los cuatro h?roes anteriores: no pertenece a la comunidad, ni sufre ninguna enfermedad maravillosa. Sin embargo, tiene el poder de organizar a todas las comunidades para la protesta. Ya no se trata de una comunidad reclamando unas cuantas hect?reas de tierra, se trata de las comunidades ind?genas unidas para recuperar la tierra usurpada; estas comunidades tienen cada una su propio h?roe, y todos ellos esperan las ?rdenes de Genaro Ledesma.

Ledesma es un abogado de pueblo que sigue con fervor las ideas del socialismo americanista de Mari?tegui, lector apasionado de C?sar Vallejo y amigo de Manuel Scorza (el escritor peruano). Para ?l es claro que el problema del indio es el problema de la tenencia de la tierra, es el gamonalismo el que tiene condenadas a las comunidades ind?genas. Siguiendo las ideas de Mari?tegui, Ledesma concluye que mientras se mantenga el esquema socioecon?mico del latifundio (adem?s enfeudado a capitales extranjeros), las comunidades ind?genas nunca obtendr?n justicia. Por eso acepta dirigir a las comunidades, pero se da cuenta de que ?stas no est?n preparadas para una lucha armada, de que el problema del indio es un problema nacional e internacional, y de que se necesita el concurso de toda la sociedad peruana para enfrentarlo: si el problema del indio es el latifundio, y el Per? mantiene una econom?a agraria feudal manipulada por intereses extranjeros, no es una mal equipada comunidad ind?gena enfrentada a todas las fuerzas del estado la que lo va a resolver. Al final Ledesma entiende que el ?nico resultado posible es el fracaso y una masacre campesina m?s:

?De todas maneras nos van a matar. ?Debemos morir matando! ?insisti? Roque.
?No se trata ni de matar ni de morir. Se trata de vivir para tomar el poder.
??Genaro...!
??Dije que no, carajo! Antes de enviar gente a la muerte, con uniforme o sin uniforme, prefiero que me fusilen. ?Prefiero morir inocente y no vivir culpable! (La Tumba del Rel?mpago: 257).

Si hacemos un an?lisis m?s profundo de cada uno de estos cinco h?roes  encontraremos en sus funcionamientos textuales la clave ideol?gica que rige la construcci?n de mundo en la novel?stica de Scorza. Ya hemos dicho que el h?roe, tanto por su configuraci?n como por su recorrido narrativo, se define en su oposici?n al poder terrateniente. Ahora bien,  los h?roes de las primeras tres novelas sufren enfermedades maravillosas que encarnan la cobard?a, el despojo y la verg?enza de la raza incaica; los h?roes principales de las otras dos novelas se construyen de manera distinta: la transmutabilidad de Agapito Robles es un invento, no tiene un car?cter de verdad, y Genaro Ledesma no est? investido de ning?n poder maravilloso. Vemos entonces c?mo los tres primeros h?roes se configuran en el mito, el cuarto en la leyenda y el ?timo en el plano hist?rico. Otra caracter?stica com?n es que el h?roe siempre fracasa en su empe?o y este fracaso se resuelve siempre en una masacre de la comunidad a manos de las fuerzas al servicio del poder terrateniente: hay pues un mismo esquema rigiendo la construcci?n y el accionar del h?roe:

Indudablemente estamos asistiendo a un abandono paulatino del mundo m?tico para entrar en el mundo hist?rico. Es decir, aparte del recorrido narrativo del h?roe particular de cada una de las novelas, tenemos otro recorrido narrativo: el del h?roe como construcci?n textual de toda la pentalog?a, que desciende del mundo m?tico al mundo hist?rico. Y es en este segundo recorrido narrativo o supra-recorrido donde est? la clave ideol?gica del texto. El desasimiento del mundo m?tico y aferramiento al mundo hist?rico encarnan un cambio de perspectiva en el entendimiento del problema del ind?gena: de entender ?ste como un problema cultural (al estilo del indigenismo tradicional) a entenderlo como un problema fundamentalmente socioecon?mico, fundamentado en el r?gimen de distribuci?n y explotaci?n de la tierra. Este es el llamado neoindigenismo de Manuel Scorza (aunque ?l no aceptara esta denominaci?n). Pero bien, la acci?n heroica, tanto del h?roe m?tico como del h?roe hist?rico, termina en el fracaso y en una masacre m?s de ind?genas. ?Acaso la lucha comunera est? condenada al fracaso, no importa la perspectiva ideol?gica desde la que se conciba? La acci?n heroica claramente nos dice que s?. Veamos c?mo nos contesta a esta pregunta el an?lisis del antih?roe.

2. Estructura de la acci?n del antih?roe

Aunque en Redoble por Rancas aparece el ni?o Remigio, es en Garabombo el Invisible donde se desarrolla plenamente y adquiere m?s claridad su funcionamiento textual; Remigio es pues el antih?roe que atraviesa las dos primeras novelas. En El Jinete Insomne aparecen dos antih?roes: Tupayachi y el Ingeniero. En El Cantar de Agapito Robles y en La Tumba del Rel?mpago aparece una antihero?na: Maca Albornoz.

Remigio es un personaje ambivalente. Para s? mismo es un intelectual, un poeta, un hombre con una profunda sensibilidad y esp?ritu cr?tico; pero, para los dem?s, es un buf?n asqueroso, atrapado en una sentina de complejos y humillaciones. Frente a esta inconsistencia entre la imagen que ?l tiene de s? mismo y la imagen que de ?l tienen los otros, Remigio se sumerge en una profunda irrealidad, en un mundo imaginado para s? mismo. En este juego de caracteres que lo constituyen, Remigio se erige como un sujeto que confronta al poder desde el humor:

*  En su demencia de personaje culto, a trav?s de sus cartas y discursos ir?nicos. En un estilo mordaz, angustiante, penetrante, las palabras son el arma para combatir la injusticia, para enfrentar la dura realidad de amos y verdugos, para expresar el dolor de la comunidad ind?gena:

En Yanahuanca falta lo que a m? me sobra: ideas, invenciones, limpieza p?blica, encarcelar a las autoridades, pedirles rendici?n de cuentas y destituir a la alcaldesa, meterla presa a usted. (?) Cambiar? la tierra del cementerio, importar? tierras donde no se fusile, ni se encarcele, ni se persiga a los jorobados, ni le griten feo a los cojos? (Garabombo el Invisible:83).

*   En su car?cter bufonesco, llamando a sus chandosos con los nombres de las autoridades. Pero es en esta condici?n de buf?n de un rey injusto y d?spota (el gamonal), que Remigio se constituye en s?mbolo de la condici?n ind?gena: Remigio es la encarnaci?n del fragelo de la comunidad despojada de sus tierras: el hambre:

Yo no me com? los bizcochos, y para que vean vomito. ?Ya ves? ?Qu? les dije? He vomitado. ?Qu? he comido? De chico casi nada; de grande nada. Y ahora, en v?speras de mi resplandeciente madurez, cerca de mi edad de oro, de vez en cuando como galletas y bizcochos robados. Soy pues, inocente?(Garabombo el Invisible: 49).

Y se logra el efecto, el lector r?e, y cuando r?e entiende y se conmueve, y se pone del lado de la causa ind?gena. El antih?roe confronta al poder desde el humor. Remigio denuncia de manera incontestable, desnuda efectivamente la realidad a trav?s de la iron?a. Pero esta confrontaci?n desaparece cuando, por efecto de una broma del Juez  Montenegro, Remigio es reconocido como el intelectual que siempre ha querido ser. Y, por efecto de este reconocimiento que le hacen los notables, se convierte en Remigio el hermoso: pierde su joroba, crece, sus dientes renacen, desaparece su cojera, la tez rejuvenece; y Remigio el engendro se transforma en Remigio el hermoso. Para transformarlo, s?lo se necesit? que los notables  lo aceptaran en su exclusivo c?rculo. Y con esta transformaci?n desaparece la denuncia; Remigio se silencia: ya no escribe cartas, no grita la injusticia, los perros se pierden en el anonimato, ya no tiene hambre. El antih?roe es sobornado por el gamonal y traiciona a la comunidad.

En la tercera novela aparecen dos antih?roes: Tupayachi y el Ingeniero. Estos dos antih?roes encarnan la dualidad que caracteriza a Remigio: el Ingeniero, con su ilusi?n de sabio; y Tupayachi, como buf?n, encarnando al hambre. Tupayachi desequilibra la realidad, desnuda la injusticia, confronta la opresi?n, muestra la verdad desde la inocencia m?s pura. Aunque en Tupayachi hay una aparente conformidad con su posici?n social y entiende que ?no hay m?s remedio, los grandes s?lo alternan con los grandes?, esa aceptaci?n es falseamiento. Tupayachi es contestatario de la opresi?n. Cuando es injuriado por el se?or Retamozo, construye una trama de lo m?s original y lo hace comer mierda: Tupayachi se eleva por encima de su humillante condici?n y condena al poder a comer mierda. Pero la cr?tica m?s fuerte, la m?s punzante, la m?s efectiva, la m?s corrosiva, la que logra un efecto contundente sobre el lector, es la que encarna su relaci?n con el hambre. Su hambre es insaciable. Y no es una cosa externa a ?l, es algo interior, ?ntimo, est? en sus sue?os y aspiraciones, lo conforma:

?Yo quisiera ser camello. El Ingeniero sabe que los camellos pueden guardar  cien d?as el agua en la barriga para cruzar el desierto. El sabe. ?Qu? m?s quisiera yo que guardar comida por tres meses? Desgraciadamente no soy un camello.?  (El Jinete Insomne:139)
?Yo siempre tengo hambre Ingeniero. ?Sabe qu? so??? Caminando por la cordillera Negra me met? en un desfiladero y descubr? ?imag?nese Ingeniero? descubr? un fil?n de arroz con pato: la veta se perd?a en el Brasil? (El Jinete Insomne:223).

Tupayachi es un personaje erigido en el hambre, ?l es el hambre misma. ?l, como  Remigio, encarna el hambre insaciable y eterna de la comunidad ind?gena sometida por la ambici?n del terrateniente.

Por su parte, el Ingeniero se concibe a s? mismo como el intelectual, el supremo sabio. Es un personaje que denuncia ideol?gicamente, que ayuda a la comunidad en el trazado de los planos con los que puedan reclamar, pero sin participar en la pr?ctica de la lucha, en la confrontaci?n de hecho. Tal vez por una cobard?a que le es inmanente, el Ingeniero evade la realidad, sumi?ndose en mundos de enso?aci?n, en imposibles negocios, en la irrealidad. Al igual que Remigio, el Ingeniero es sobornado y renuncia al levantamiento de los planos.

El ?ltimo antih?roe es uno de los personajes m?s elaborados, m?s ricos y m?gicos de la novel?stica de Scorza. La historia de Maca atraviesa tres novelas: Garabombo el Invisible, El Cantar de Agapito Robles y La Tumba del Rel?mpago. Maca es una mujer que se educa como var?n; se conoc?a como Maco Albornoz, y era miembro de una familia de delincuentes. S?lo a la edad de 20 a?os, a manos de tres bandidos que compart?an la misma celda del presidio que ?l, Maco se sabe mujer. Como hombre, Maco era irresistible para las mujeres; como mujer, Maca era imprescindible para los hombres. Y esa condici?n de mujer extraordinaria la aprovecha para subyugar a los notables. Nos dice el hacendado don Migdonio:

P?ngase en mi lugar. ?C?mo sospechar que lo que anhelaba ese seraf?n pavoroso era demostrar la insignificancia de los hombres! Yo soy se?ores el primer var?n que la vio en esta provincia y repito que verla es desgraciarse (El Cantar de Agapito Robles:27).

Bajo el imperio de su belleza sucumben los m?s notables varones de la regi?n, ?stos abandonan hacienda, mujeres e hijos, para ir en busca de una boda prometida que nunca se realizar?. Hasta el s?mbolo m?ximo del poder, el inconmovible doctor Montenegro de huesos de marfil, cae temporalmente en las redes de Maca:

La salud del doctor Montenegro tambi?n empeoraba. Por primera vez en su vida conoc?a el insomnio. ?l, que se reg?a por horarios inmutables, enred? el hilo de sus jornadas. En vano, como siempre, se acostaba a las diez de la noche y se levantaba a las seis. El sue?o lo esquivaba: entre sus ojos y el reposo se interpon?a la figura de Maca? (El Cantar de Agapito Robles: 82).

Pero Maca no s?lo se opone al poder de manera directa por la v?a de su belleza, tambi?n lo hace a trav?s de la iron?a. El humor, terreno incuestionable de la irreverencia, es mecanismo de denuncia social y pol?tica; la solemne historia oficial, encarnada en los pr?ceres, se destroza bajo el peso inconmensurable de ?ste.

Esa hembra, capaz de pararle la pinga a los h?roes que huevean en los monumentos, desembarc? seguida por su corte de idiotas. Porque, predicando que 'los imb?ciles y los locos son los ?nicos hombres dignos de confianza', Maca recog?a a todos los que encontraba en los puertos, caser?os o caminos, y blasfematoriamente los bautizaba con los apellidos de nuestros pr?ceres. As?, a un enano que padec?a la incurable costumbre de robar caramelos, lo motej? General Prado. Un barrilito de grasa que arrastraba una pierna result? el General Balta. Dos cretinos de Chacay?n ascendieron a General La Mar y General Gamarra. Un retaco de cuello arbolado por el bocio acab? en el Mariscal Ureta. Y no obstantes mis s?plicas, no hubo manera de cambiarle el apellido a un est?pido que ella jurament? como el Presidente Pi?rola? (El Cantar de Agapito Robles: 40).

Maca se construye pues en funci?n de la oposici?n al poder humillando a los notables y a trav?s de la iron?a. Su funci?n textual es pues, como la de los otros antih?roes, la oposici?n al poder del gamonal. Pero, al final, Maca, purificada por el fuego maravilloso de su amor incestuoso, se transforma en Santa Maca y deja de ser contestataria.

 Al igual que los h?roes, los antih?roes se desplazan,en el transcurso de las cinco novelas, del m?dulo m?tico a la dimensionalizaci?n hist?rica. Pero con ?stos la relaci?n mito-realidad se ofrece como una relaci?n de ida y vuelta: de las mutaciones maravillosas de Remigio y la mata de geranios que revienta en su cabeza al ser atravesada por las  balas enemigas a la tragedia hist?rica de Tupayachi y el Ingeniero, y de ellos a Maco-Maca que sale indemne del fuego abrasador para convertirse en Santa Maca. Con el antih?roe se construye pues la dial?ctica de la relaci?n mito-realidad: imposibilidad de desasirse del mundo m?tico e imposibilidad de mantenerse en ?l.

Estos antih?roes comparten un mismo origen social: son gente del pueblo, est?n sumidos en una profunda miseria, comparten una misma obsesi?n vallejiana por el hambre, permanecen sometidos a la humillaci?n y el abuso de los hacendados, son sujetos sumamente complejos que, ante la imposibilidad de enfrentar la realidad, se evaden a sus propias realidades (irrealidades), desde donde denuncian a los opresores. Tambi?n comparten un mismo final: la traici?n a la comunidad: Remigio el horrendo es sobornado por los notables y se convierte en Remigio el hermoso, pasando (con su transformaci?n) de la denuncia a la aceptaci?n pasiva de la injusticia y el atropello; el Ingeniero es amenazado y sobornado por los terratenientes y abandona, con Tupayachi, el trazado de los planos que van a permitir la reclamaci?n de las tierras; Maca abandona la confrontaci?n al convertirse en Santa Maca, y los idiotas de su corte pierden sus nombres blasfematorios, al ser abandonados por ella.

Ya hemos dicho que el car?cter ambivalente de que hablaba con respecto de Remigio, se desdobla en Tupayachi y el Ingeniero, es decir, en la tercera balada se individualiza la dualidad que constituye a Remigio: Tupayachi asume la funci?n textual del Remigio buf?n: confrontaci?n al poder desde el humor; y el Ingeniero asume la funci?n textual del Remigio intelectual: confrontaci?n directa al poder desde la irrealidad. Con Maca ocurre lo mismo: Por la v?a de la humillaci?n hace la confrontaci?n directa a los notables, la misma funci?n textual de Remigio intelectual - Ingeniero; por la v?a del humor confronta al poder a trav?s de su corte de idiotas, la misma funci?n textual Remigio buf?n - Tupayachi. En s?ntesis, los Antih?roes, por v?a de la confrontaci?n directa o del humor, comparten una misma funci?n textual: la confrontaci?n al poder terrateniente, la denuncia de la opresi?n y la injusticia, la reivindicaci?n de la causa ind?gena. Al final, la traici?n y el abandono de la confrontaci?n, es decir, el fracaso. Hay pues un mismo esquema de construcci?n rigiendo la figura del antih?roe:

Al igual que la estructura de la acci?n heroica, la estructura de la acci?n del antih?roe nos dice que toda lucha comunera est? condenada al fracaso.

3. Dimensi?n ideol?gica de la estructura b?sica de h?roes y antih?roes

Para terminar, quiero se?alar que esta configuraci?n de los h?roes y los antih?roes se rige por una misma idea estructurante. Podemos hablar de una funci?n textual h?roe, repetida en distintos personajes para cada novela; y una misma funci?n textual antih?roe, tambi?n reproducida en distintos personajes. El h?roe hace una confrontaci?n heroica, el antih?roe hace una confrontaci?n ir?nica. Vemos pues que h?roe y antih?roe comparten una misma funci?n textual: la confrontaci?n al poder del gamonal; y que ambas confrontaciones terminan siempre en el fracaso. Hay entonces un mismo esquema b?sico que define los funcionamientos textuales del h?roe y el antih?roe:

El h?roe y el antih?roe representan a la comunidad, los terratenientes y las autoridades al gamonalismo. Est? claro entonces que este esquema de oposici?n, que define los funcionamientos y la caracterizaci?n de h?roes y antih?roes, propone la confrontaci?n fundamental comunidades contra gamonalismo. El resultado de dicha confrontaci?n es el fracaso de la comunidad ind?gena (acompa?ado siempre de una masacre) y el triunfo y la restauraci?n del poder del gamonal. Es importante resaltar esta idea: los h?roes y los antih?roes son anulados por los gamonales, la comunidad es masacrada por el gamonalismo, la historia de cada una de las novelas es la historia de un fracaso, la historia de la saga es la historia de un fracaso; de un fracaso eterno y reiterado. Fracaso de la comunidad frente a un esquema socioecon?mico del latifundio y no frente a sujetos particulares. El problema del ind?gena nos dicen los textos, radica en el problema de la tierra y su r?gimen de propiedad; el problema del ind?gena es el problema de la tierra. Todo el juego de  relaciones y evaluaciones  de los h?roes y los antih?roes, sus funcionamientos textuales, se definen en este planteamiento. El ciclo de novelas de Scorza es pues una GUERRA SILENCIOSA al latifundio.

Ahora bien, este funcionamiento de la estructura de h?roes y antih?roes  obedece a una percepci?n particular e ideol?gica del problema ind?gena en el Per?. Percepci?n que constituye una toma de posici?n directa  en favor de la causa ind?gena, y una condena al esquema socioecon?mico del latifundio. Esta evaluaci?n social, o constructo ideol?gico, que rige la lectura del conflicto que hace la saga, no solamente se materializa en estas estructuras, podemos leerla a m?ltiples niveles: en la evaluaci?n impl?cita y expl?cita que hacen los narradores subordinantes al citar los discursos de los narradores subordinados; en la manera como se lee el mito y su funci?n en la pentalog?a; en la funci?n textual del intertexto; en la matriz actancial b?sica que se repite incansablemente en el ciclo; en la mixturaci?n del realismo m?gico y el realismo hist?rico que proponen una funci?n po?tica de hondas implicaciones sem?nticas e ideol?gicas; etc. Pero ?stos ser?n temas para trabajos posteriores.

Ahora bien, si tratamos de precisar el constructo ideol?gico del texto, o, m?s bien, la formaci?n ideol?gica que define la lectura del conflicto del ind?gena que hacen las novelas, tendremos que recordar a Jos? Carlos Mari?tegui y sus tesis sobre un socialismo americanista. Para Mari?tegui, el problema del indio es un problema socioecon?mico cuya resoluci?n no ser?a posible sin una redefinici?n del esquema de explotaci?n y tenencia de la tierra. Es decir, el esquema socioecon?mico imperante en el Per? imposibilitar?a por principio cualquier reconciliaci?n; y la humanizaci?n de las relaciones entre hacendados y comunidad no ser?a posible, dado lo obsoleto y poco competitivo de un sistema que s?lo puede sobrevivir contratando mano de obra barata, esto es, manteniendo a los ind?genas en la miseria y la ignorancia:

Todas las tesis sobre el problema del ind?gena, que eluden a ?ste como problema econ?mico social, son otros tantos ejercicios teor?ticos ?y a veces s?lo verbales? condenados a un absoluto descr?dito. No las salva a algunas su buena fe. Pr?cticamente todas no han servido sino para ocultar y desfigurar la realidad del problema. La cr?tica socialista lo descubre y esclarece porque busca sus causas en la econom?a del pa?s y no en su mecanismo administrativo, jur?dico o eclesi?stico, ni en su dualidad o pluralidad de razas, ni en sus condiciones culturales o morales. La cuesti?n ind?gena arranca de nuestra econom?a. Tiene sus ra?ces en el r?gimen de propiedad de la tierra. Cualquier intento de resolverlo con medidas de administraci?n o polic?a, con m?todos de ense?anza o con obras de vialidad, constituye un trabajo superficial o adjetivo, mientras subsista la feudalidad de los gamonales?.9

Claramente, el planteamiento de Mari?tegui nutre y define los fundamentos ideol?gicos de la Guerra Silenciosa, que son los que determinan el funcionamiento textual de h?roes y antih?roes. No importa c?mo sea la lucha, el triunfo jam?s ha dependido ni depender? de la comunidad ind?gena, pues su enemigo  es todo el Per?, su esquema socioecon?mico. Mientras ?ste no cambie, el resultado de la lucha comunera ser? la muerte y el fracaso. Este era el ahogado grito que desgarraba a Scorza, su Guerra Silenciosa.

Oscar Wilson Osorio

Fragmento de la novela "Redoble por Rancas"

Cap?tulo 1,

DONDE ELZAHORI LECTOR OIR? HABLAR DE CIERTA CELEB?RRIMA MONEDA

Por la misma esquina de la plaza de Yanahuanca por donde, andando los tiempos, emerger?a la Guardia de Asalto para fundar el segundo cementerio de Chinche, un h?medo setiembre, el atardecer exhal? un traje negro. El traje, de seis botones, luc?a un chaleco surcado por la leontina de oro de un Long?nes aut?ntico. Como todos los atardeceres de los ?ltimos treinta a?os, el traje descendi? a la plaza para iniciar los sesenta minutos de su imperturbable paseo.
Hacia las siete de ese friolento crep?sculo, el traje negro se detuvo, consult? el Longines y enfil? hacia un caser?n de tres pisos. Mientras el pie izquierdo se demoraba en el aire y el derecho oprim?a el segundo de los tres escalones que unen la plaza al sardinel, una moneda de bronce se desliz? del bolsillo izquierdo del pantal?n, rod? tintineando y se detuvo en la primera grada. Don Her?n de los R?os, el Alcalde, que hac?a rato esperaba lanzar respetuosamente un sombrerazo, grit?: ??Don Paco, se le ha ca?do un sol! ?
El traje negro no se volvi?. El Alcalde de Yanahuanca, los comerciantes y la chiquiller?a se aproximaron. Encendida por los finales oros del crep?sculo, la moneda ard?a. El Alcalde, oscurecido por una severidad que no pertenec?a al anochecer, clav? los ojos en la moneda y levant? el indice: ? ?Que nadie la toque! ? La noticia se propal? vertiginosamente. Todas las casas de la provincia de Yanahuanca se escalofriaron con la nueva de que el doctor don Francisco Montenegro, Juez de Primera Instancia, hab?a extraviado un sol.
Los amantes del bochinche, los enamorados y los borrachos se desprendieron de las primeras oscuridades para admirarla. ??Es el sol del doctor!?, susurraban exaltados. Al d?a siguiente, temprano, los comerciantes de la plaza la desgastaron con temerosas miradas. ??Es el sol del doctor!?, se conmov?an. Gravemente instruidos por el Director de la Escuela -?No vaya a ser que una imprudencia conduzca a vuestros padres a la c?rcel.?-, los escolares la admiraron al mediod?a: la moneda tomaba sol sobre las mismas deste?idas hojas. de eucalipto. Hacia las cuatro, un rapaz de ocho a?os se atrevi? a ara?arla con un palito: en esa frontera se detuvo el coraje de la provincia.
Nadie volvi? a tocarla durante los doce meses siguientes.
Sosegada la agitaci?n de las primeras semanas, la provincia se acostumbr? a convivir con la moneda. Los comerciantes, de la plaza, responsables de primera l?nea, vigilaban con tentaculares miradas a los curiosos. Precauci?n in?til: el ?ltimo lameculos de la provincia sabia que apoderarse de esa moneda, te?ricamente equivalente a cinco galletas de soda o a un pu?ado de duraznos, significar?a algo peor que un carcelazo. La moneda lleg? a ser una atracci?n. El pueblo, se acostumbr? a salir de paseo para mirarla. Los enamorados se citaban alrededor de sus fulguraciones.
El ?nico que no se enter? que en la plaza de Yanahuanca exist?a una moneda destinada a probar la honradez de la altiva provincia fue el doctor Montenegro.
Todos los crep?sculos cumpl?a veinte vueltas exactas. Todas las tardes repet?a los doscientos cincuenta y seis pasos que constituyen la vuelta del polvoriento cuadrado. A las cuatro, la plaza hierve, a las cinco todav?a es un lugar p?blico, pero a las seis es un desierto. Ninguna ley proh?be pasearse a esa hora, pero sea porque el cansancio acomete a los paseantes, sea porque sus est?magos reclaman la cena, a las seis la plaza se deshabita. El medio cuerpo de un hombre achaparrado, tripudo, de peque?os ojos extraviados en un rostro cetrino, emerge a las cinco, al balc?n de un caser?n de tres pisos de ventanas siempre veladas por una espesa neblina de visillos. Durante sesenta minutos, ese caballero casi desprovisto de labios, contempla, absolutamente inm?vil, el desastre del sol. ?Qu?, comarcas recorre su imaginaci?n? ?Enumera sus propiedades? ?Recuenta sus reba?os? ?Prepara pesadas condenas? ?Visita a sus enemigos? ?Qui?n sabe! Cincuenta y nueve minutos despu?s de iniciada su entrevista solar, el Magistrado autoriza a su ojo derecho a consultar el Longines, baja la escalera, cruza el port?n azul y gravemente enfila hacia la plaza. Ya est? deshabitada. Hasta los perros saben que de seis a siete no se ladra all?. Noventa y siete d?as despu?s del anochecer en que rod? la moneda del doctor, la cantina de don Glic?rico Cisneros vomit? un racimo de borrachos. Mal aconsejado por un aguardiente de culebra, Encarnaci?n L?pez se hab?a propuesto apoderarse de aquel mitol?gico sol. Se tambalearon hacia la plaza. Eran las diez de la noche. Mascullando obscenidades, Encarnaci?n ilumin? el sol con su linterna de pilas. Los ebrios segu?an sus movimientos imantados. Encarnaci?n recogi? la moneda, la calent? en la palma de la mano, se la meti? en el bolsillo y se difumin? bajo la luna.
Pasada la resaca, por los labios de yeso de su mujer, Encarnaci?n conoci? al d?a siguiente el b?rbaro tama?o de su coraje. Entre puertas que se cerraban presurosas se trastabill? hacia la plaza, l?vido como la cera de cincuenta centavos que su mujer encend?a ante el Se?ior de los Milagros. S?lo cuando descubri? que ?l mismo, son?mbulo, hab?a depositado la moneda en el primer escal?n, recuper? el color.
El invierno, las pesadas lluvias, la primavera, el desgarrado oto?o y de nuevo la estaci?n de las heladas circunvalaron la moneda. Y se dio el caso de que una provincia cuya desaforada profesi?n era el abigeato, se laque? de una imprevista honradez. Todos sab?an que en la plaza de Yanahuanca exist?a una moneda id?ntica a cualquier otra circulante, un sol que en el anverso mostraba el ?rbol de la quina, la llama y el cuerno de la abundancia del escudo de la Rep?blica y en el reverso exhib?a la cauci?n moral del Banco de Reserva del Per?. Pero nadie se atrev?a a tocarla. El repentino florecimiento de las buenas costumbres inflam? el orgullo de los viejos. Todas las tardes auscultaban a los ni?os que volv?an de la escuela. ??Y la moneda del doctor?? ??Sigue en su sitio!? ?Nadie la ha tocado.? ?Tres arrieros de Pillao la estuvieron admirando.? Los ancianos levantaban el ?ndice, con una mezcla de severidad y orgullo: ??As? debe ser; la gente honrada no necesita candados! ?
A pie o a caballo, la celebridad de la moneda r?ecorri? caser?os desparramados en diez leguas. Temerosos que una imprudencia provocara en los pueblos pestes peores que el mal de ojo, los Teniente gobernadores advirtieron, de casa en casa, que en la plaza de Armas de Yanahuanca envejec?a una moneda intocable. ?No fuera que alg?n comemierda bajara a la provincia a comprar f?sforos y ?descubriera? el sol! La fiesta de Santa Rosa, el aniversario de la Batalla de Ayacucho, el D?a de los Difuntos, la Santa Navidad, la Misa de Gallo, el D?a de los Inocentes, el A?o Nuevo, la Pascua de Reyes, los Carnavales, el Mi?rcoles de Ceniza, la Semana Santa, y, de nuevo, el aniversario de la Independencia Nacional sobrevolaron la moneda. Nadie la toc?. No bien llegaban los forasteros, la chiquiller?a los enloquec?a: ??Cuidado, se?ores, con la moneda del doctor!? Los fuere?os sonre?an burlones, pero la borrascosa cara de los comerciantes los enfriaba. Pero un agente viajero, engre?do con la representaci?n de una casa mayorista de Huancayo (dicho sea de paso: jam?s, volvi? a recibir una orden de compra en Yanahuanca) pregunt? con una sonrisita.- ??C?mo sigue de salud la moneda?? Consagraci?n Mejorada le contest?: ?Si usted no vive aqu?, mejor que no abra la boca?. ?Yo vivo en cualquier parte?, contest? el bellaco, avanzando. Consagraci?n -que en el nombre llevaba el destino- le tranc? la calle con sus dos metros: ?Atr?vase a tocarla?, tron?. El de la sonrisita se congel?. Consagraci?n, que en el fondo era un cordero, se retir? confuso. En la esquina lo felicit? el Alcalde: ??As? hay que ser, derecho!? Esa misma noche, en todos los fogones, se supo que Consagraci?n, cuya ?nica haza?a conocida era beberse sin parar una botella de aguardiente, hab?a salvado al pueblo. En esa esquina lo pari? la suerte. Porque no bien amaneci? los comerciantes de la Plaza de Armas, orgullosos de que un yanahuanquino le hubiera parado el macho a un badulaque huanca?no, lo contrataron para descargar, por cien soles mensuales, las mercader?as.
La v?spera de la fiesta de Santa Rosa, patrona de la Polic?a, descubridora de misterios, casi a la misma hora en que, un a?o antes, la extraviara, los ojos de rat?n del doctor Montenegro sorprendieron una moneda. El traje negro se detuvo delante del celeb?rrimo escal?n. Un murmullo escalofri? la plaza. El traje negro recogi? el sol y se alej?. Contento de su buena suerte, esa noche revel? en el club: ? ?Se?ores, me he encontrado un sol en la plaza! ?
La provincia suspir?.

OBRAS DE MANUEL SCORZA

NOVELAS:

LA GUERRA SILENCIOSA

Cantar en 5 baladas

  1. Redoble por Rancas
  2. Garabombo, el invisible
  3. El Jinete Insome
  4. Cantar de Agapito Robles
  5. La tumba del Rel?mpago

LA DANZA INMOVIL

POESIA:

Las Imprecaciones
Los Adioses
Desenga?os del Mago
Requiem para un Gentilhombre
El vals de los Reptiles
Poesia Incompleta

BIOGRAFIA DE MANUEL SCORZA

Manuel Scorza

(1928-1983)


Escritor peruano

Naci? el 9 de septiembre de 1928 en Lima, aunque vivi? un largo exilio en pa?ses como M?xico, Uruguay y Espa?a. En 1945 ingres? a la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Su primera incursi?n en la literatura la hizo con el libro de poemas Canto a los mineros de Bolivia (1954), que public? en M?xico, y al que siguieron Las imprecaciones (1954), Los adioses (1958), Desenga?os del amo (1961) y R?quiem para un gentilhombre (1962), obras todas ellas de un gran compromiso social. Escribi? el ciclo conocido como ?La guerra silenciosa?, integrada por las novelas Redoble por Rancas (1970), Garambombo, el Invisible (1972), El jinete insomne (1976), Cantar de Agapito Robles (1976) y La tumba del rel?mpago (1978). Falleci? el 27 de noviembre de 1983, cuando el avi?n en el que viajaba, se estrell? un minuto antes de llegar al aeropuerto de Barajas (Madrid).



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